Lo que una vez perdimos, nunca ya se olvida
y nos acompaña desde entonces en el camino
de buscar algo parecido.
Nos susurra al oido en la soledad de la noche sus detalles vivos;
le damos cabida en el corazón para siempre,
y cuanto más perdido lo sabemos
más cercano y más presente lo sentimos,
lo mostramos y se muestra.
Alegrémonos entonces, pues aquello
que creíamos perdido es, en realidad,
lo que más seguro tenemos
y nunca ha de abandonarnos.